Presentación

En este blog de sencilla presentación y segura descuidada apariencia, pretendo compartir con las personas más próximas aficiones, inquietudes, preocupaciones, compromiso, así como todas aquellas situaciones vividas cuya experiencia pudiera ser de utilidad.


Creo que será un sencillo blog de amplias variedades algún día, en el que tendrán cabida la música que he disfrutado en mis inolvidables años de pública intervención como músico eternamente aprendiz, mi compromiso irremediable con la discapacidad visual y con sus procesos de formación académica, mi afición por la disciplina de los recursos humanos y algunas otras cuestiones emocionales o familiares que seguro irán surgiendo.

Espero poder aportar y testimoniar con el blog afecto a las personas que me han acompañado y acompañan en mi vida, y arrancar a sus visitantes sensibilidad y alguna sonrisa. También compartir aquello que más valoro en la vertiente pública de mi plano personal.


Procuro no olvidar nunca que:

La vida es una escuela de enseñanzas y un banco de desafíos. Nada que realmente valga la pena debe quedar sin hacer y nadie que te muestre su sincero afecto ha de quedar sin ser generosamente correspondido.

viernes, 18 de diciembre de 2015

En tus manos

Compuse la música de la canción “En tus manos” en 1990 y como muchas de aquellas inquietudes de juventud quedó finalizada sin llegar a ser grabada ni interpretada.

Tras la experiencia del trabajo “Amigo dame fuerza al caminar”, canción finalizada el pasado año 2014 con motivo del XXV aniversario del fallecimiento de mi inolvidable amigo Armando Fernández Carracelas, (también compuesta en aquella época), reviví la inquietud de mantener viva la llama de la música activa en el pequeño espacio de mi vida personal que a dicho fin puedo destinar.

Para realizar este proyecto me ayudaron activamente Antonio Villanueva, quien además de colaborar con eficacia en la nueva letra de la canción, grabó guitarras, bajo, así como se encargó de la mezcla y producción, siendo además el causante de muchos de sus arreglos y mi querida Marta González Quintana con quien tuve la oportunidad de trabajar en el ámbito profesional durante 4 años y quien  aportó algunas variaciones sobre el estribillo inicial así como puso en primera línea de la canción su extraordinaria voz.

¡Miguel González es un batería de lujo! La precisión de su ejecución musical y las nuevas formas rítmicas que añadió consiguieron una mayor ligereza a la balada.

Laura Villanueva, hija de Antonio a quien el arte de la música le viene dado por estirpe,  puso con frescura su acordeón en el solo que se encuentra tras el segundo estribillo.

Fueron mi mujer Marián Lorenzo y mis hijos José Angel y Elena quienes protagonizaron el reportaje visual que acompaña a la canción, la primera dejando testimonio de su afición a la fotografía y los segundos compartiendo su nativa ilusión.

Roberto Baquero nuevamente puso sus conocimientos informáticos a disposición del proyecto para realizar el montaje audiovisual final.

El hecho de colaborar Marta en esta canción, me orientó a que su letra versara sobre la atención educativa de los niños ciegos, por lo que el texto y sincronizada mente la presentación visual, recogen múltiples situaciones cotidianas en las que, por medio de las manos, las personas ciegas podemos canalizar, desde lo particular a lo general, el conocimiento de los objetos.

Letra de la canción:

En tus manos

In your hands

Dedicada:
Para todos los educadores de los niños ciegos del mundo
For all the blind children´s teachers in the world
.........

En tus manos encuentro,
una forma de sentir y aprender.
En tus dedos la imagen,
que construyes yo la veo nacer.
Una nube en el aire,
aparece sólo cuando tú estás.
Cuando siento al tiempo esperar.

A tu lado descubro,
un trabajo que, no quiere ser.
A tu lado contenta,
yo te veo escribir y leer.
Una nube que escucha,
cada nota y, cada color,
se moldea delante de mi voz.

Y descubro la magia,
de unas manos que quieren aprender.
Y descubres un mundo,
que te ayuda como tú-a-él también.
Una idea en tus manos,
un camino que no se detendrá,
una meta a la que llegarás.

herramientas del tacto,
con las que puedes escribir y leer.
Defendiendo en un plano,
 El lugar por donde te vas a mover.
me gusta verte jugando,
controlando siempre a tu alrededor,
con un sexto sentido observador.

El relieve de un libro,
Son palabras de hoy, mañana y ayer.
Mariposas de tela,
en un río de cartón es un pez.
De algodón son las nubes,
que Ocultan a un botón que es el sol,
Con tus dedos descubres el color.

Contigo siento la magia,
veo como no dejas de crecer.
Entre voces y luces,
yo te escucho y te siento aprender.
Ambos vemos futuro,
recorremos el camino a la par.
Ambos somos uno, somos más.

Contigo siento la magia,
veo como no dejas de crecer.
Entre voces y luces,
yo te escucho y te siento aprender.
Ambos vemos futuro,
recorremos el camino a la par.
Ambos somos uno, somos más,
Ambos somos uno, somos más,
Ambos somos uno, somos más.
.........

Canción original de: José Angel Abraldes Rodeyro

Con arreglos de: Marta González Quintana y Antonio Villanueva Aréa

Voz solista: Marta González Quintana

Guitarras y bajo: Antonio Villanueva Aréa

Batería: Miguel González González

Acordeón: Laura Villanueva Rodríguez

Piano y teclados: José Angel Abraldes Rodeyro

Grabación, mezcla y producción: Antonio Villanueva Aréa

Fotografía: Marián Lorenzo Prego

Montaje audiovisual: Roberto Baquero Pérez

Con el singular agradecimiento a José Angel y a Elena por prestarnos sus pequeñas manos y haber
querido compartir también con nosotros este proyecto.

Nuestro admirado reconocimiento a la ONCE por la elaboración de recursos específicos que contribuyen a favorecer la inclusión de los niños ciegos en la educación y en el juego.

A continuación puedes ver el vídeo de la canción:



Vídeo: https://youtu.be/yxoNjdqUy7s

viernes, 14 de agosto de 2015

4 años en el Instituto Valle Inclán de Pontevedra.

Un día de comienzos del mes de octubre de 1984, sintiendo en la piel los coletazos de un temporal que había visitado la tierra gallega y que fue bautizado como “Hortensia”, junto a algunos vecinos de mi misma edad, me dirigía hacia el instituto Valle Inclán de Pontevedra, donde comenzaría mis estudios de Bachillerato.


¡Era un reto incorporarme en aquellos años a un centro integrado escolarmente tras haber cursado 9 años en el mejor colegio específico para niños ciegos del mundo!

Imagen con una vista parcial de la fachada principal del Centro de Recursos Educativos de la ONCE en Pontevedra.

Los primeros días, aún muy desorientado, pude tener experiencias muy distintas que aún recuerdo y, si bien mi resto visual en aquel tiempo era muy superior al que ahora conservo, casi todos aquellos momentos y todas las sensaciones vividas las relaciono con texturas, olores, sonidos,..., muchas de ellas en aquellas pobladas aulas que contrastaban mi experiencia de no haber compartido clase con más de 10 compañeros en mi anterior centro académico especializado en la enseñanza de niños ciegos.

En la imagen la fachada principal del Instituto Valle Inclán en Pontevedra.

En mi memoria sensorial se conservan aromas distintos para mí en aquellos días, como era el propio a las gomas de borrar, las tintas que impregnaban libros, cuadernos y cartulinas, los barnices de aquellas imponentes puertas y contras que cerraban las aulas, quizás aún frescos por haber sido adecentadas en el pasado inmediato, ... La realidad de convivir con 40 compañeros en cada aula quienes en nuestra adolescencia y a primera hora de la mañana nos mostrábamos ricos aromas de moda en aquellos años.

El encerado y las tizas eran elementos extraños para mí, dado que se trata de un recurso absurdo en un colegio de ciegos. No obstante me fue muy útil el uso del polvillo de la tiza para la lectura braille en textos reproducidos en láminas de plástico, el cual adhería a mis dedos índices facilitándome suavizar el rozamiento incómodo bajo mi piel que me frenaba al leer por largo tiempo en braille, sobre aquel material distinto al papel tradicional, siempre mucho más agradable.

También viví mucho más mi ciudad, las sensaciones fantásticas que producía caminarla las mañanas y las tardes de los días lectivos respirando su actividad y escuchando la banda sonora de la acción de sus gentes. Hasta entonces yo participaba de la educación intensa matinal y vespertina como mediopensionista en un centro de internado que me ocultaba este nuevo paisaje diario y a donde no llegaba en otoño el olor de las castañas que eran asadas en los hornos con forma de tren y promocionadas mediante el repique de sus campanas.


En la imagen la fachada lateral del Instituto Valle Inclán en Pontevedra.

Me agradaba el magnífico entorno que abriga y rodea al inmueble del Instituto Valle Inclán, el sonido y la textura que percibía en su suelo al caminar, ... Sus espacios verdes y arbolados me siguen resultando hoy un lugar mágico.

Así transcurrieron en aquel vetusto edificio de techos altos, piedras desnudas, señorial acceso y sombrío paraninfo, ..., 4 especiales años de mi vida.

25 años después, gracias a una preciosa iniciativa que nos hizo coincidir en una emotiva cena, pude reencontrarme con muchos de mis viejos compañeros y amigos y con ello lograr que revivieran todos aquellos recuerdos y experiencias.

Siempre he procurado ponerle música a lo que más aprecio y, ¡esta etapa vivida lo merece!

De esta inquietud surge “Mañana te veo en el Valle Inclán”, canción con la que, tras ya haber transcurrido un cuarto de siglo, pretendo recordar mis vivencias y con ello, también rememorar alguna con las que seguro también se identificarán muchos de mis viejos compañeros y amigos.

¡Espero que os guste y que algún día la podamos cantar a coro!


Mañana te veo en el Valle Inclán.

Estrofa 1:

Transcurre el mes de octubre,
un nuevo curso empieza
la lluvia se desliza por mi piel,

Aromas de una clase,
el suave tacto de las tizas,
muchas voces se escuchan a la vez.

Escaleras de madera,
sus puertas imponentes,
biblioteca, un gimnasio y su bar.

Hojas secas en el suelo,
el olor de las castañas,
tras el 13 de diciembre es navidad.

Estribillo:

Muchos años han pasado y aquí estoy,
recordando experiencias y amistad,
un paseo en las palmeras,
ofreciéndonos la mano,
mañana te veo en el Valle Inclán.

Estrofa 2:

El frío en mi rostro,
invierno en Pontevedra,
o Antroido, su verbena, Ravachol.

El curso se hace duro,
bibliotecas ocupadas,
cómo siento palpitar mi corazón.

Olor a primavera,
el tacto de la hierba,
en la alameda ya acompaña el calor,

Llegó el fin de curso,
el verano que ya empieza,
Sanxenxo, Aguete y Major.

Estribillo:

Muchos años han pasado y aquí estoy,
recordando experiencias y amistad,
un paseo en las palmeras,
ofreciéndonos la mano,
mañana te veo en el Valle Inclán.

Muchos años han pasado y aquí estoy,
recordando experiencias y amistad,
un paseo junto al río,
ofreciéndonos la mano,
mañana te veo en el Valle Inclán.

Muchos años han pasado y aquí estoy,
recordando experiencias y amistad,
un paseo en la Herrería,
ofreciéndonos la mano,
mañana te veo en el Valle Inclán,
mañana te veo en el Valle Inclán,
mañana te veo en el Valle Inclán.

Finalizo agradeciendo a Marián su ayuda realizando las fotos que se insertan en el audiovisual y sus coros en las últimas vueltas del estribillo. También a Roberto por su esencial participación en el montaje fusionando con la canción textos e imágenes con excelente maestría.

Video


sábado, 16 de mayo de 2015

Contar no es comunicar.

Contar no es comunicar:

La comunicación es uno de los procesos más complejos y que mayor sistematización y organización precisan, también generosidad y lealtad, ya que en múltiples ocasiones se canaliza mediante medios alternativos, faltos de rigor y condicionados por una preocupante espontaneidad, como en otros momentos, con inteligencia medioplacista, se practica su interrupción, falsamente entendida como fuente de empoderamiento.

Sin pretender entrar en los procesos técnicos de la comunicación, múltiples fuentes hay para conocerlos con detalle, sí quiero referirme en este breve post a una realidad que me preocupa: La eficacia real de la comunicación.

Actualmente los medios para informar son crecientes y todos los utilizamos con asiduidad. Así en nuestro entorno particular enviamos SMS, WhatsApp, e-Mail, mensajes de voz, messenger, ...; utilizamos las redes sociales para mantenernos en contacto, ..., es decir, contamos muchas cosas tendiendo cada vez más a convertir el contenido de nuestra información en una mera mercancía despersonalizada que viaja sin límite de fronteras y sin trabas de aranceles, además en muchas ocasiones distorsionando y distrayendo al receptor.

¡Contamos y compartimos muchas informaciones pero posiblemente no llegamos a comunicarnos bien!

Por otro lado, la inmediatez propia inherente a estos procesos y mecanismos, genera una doble tensión, la de informar rápido para el emisor y la de estar puntualmente informado para el receptor, con lo que el apresuramiento puede llegar a degradar la calidad del mensaje.

Esta situación cotidiana estaría teniendo efectos perniciosos al contagiarse a otros ámbitos de información oficial, donde las administraciones, empresas u organizaciones podrían acabar pagando un alto precio por absorber esta frenética costumbre de resultado impreciso.

Me defino como un acérrimo defensor del uso racional de las nuevas tecnologías y de que estas sean de manera organizada eficaces herramientas para facilitar procesos eficientes de comunicación, debate y permanente conectividad, no obstante es preciso que las alimentemos de la generosidad, pureza y cercanía inherentes a la comunicación tradicional y verbal. Sólo así garantizaremos el éxito de la información.

“¿Qué hacen? , preguntó un día un caminante a tres trabajadores que estaban parados al lado de un edificio en construcción. El primer trabajador que parecía exhausto, contestó, “estoy picando piedra.”   El segundo contestó, “trabajo para ganarme la vida.” El tercer trabajador, que cantaba mientras trabajaba, dijo, “¡estoy construyendo una catedral!”

Analizando esta breve referencia podríamos obtener pronta conclusión en que el problema es de actitud de los operarios. No obstante su causa podría sustentarse en su desinformación.

¡Si el valor no es percibido, no hay aportación!

Finalizo destacando algo fundamental en la información:
“comunicar también es escuchar”

¿Te lo crees?

viernes, 2 de enero de 2015

Los mitos artúricos y su aplicación en la teoría del liderazgo y en la dirección de los recursos humanos.

Nunca he sido aficionado a la mitología ni a la literatura céltica o caballeresca, no obstante hace un tiempo leí con curiosidad algunos artículos sobre el ampliamente estudiado fenómeno del Rey Arturo, descubriendo en él y en aquellos símbolos que lo rodearon algunos valores que bien pueden ser metafóricamente importados en aspectos básicos propios al manual de mínimos necesario en el ejercicio del liderazgo y de la dirección de recursos humanos.


Como mito el Rey Arturo ha pasado a la iconografía popular como sinónimo de inteligencia, honor y lealtad. El mejor Rey de la guerra y de la paz. Su espada Excalibur como un símbolo del poder legítimo. Su capital Camelot como un lugar idílico de igualdad, justicia y paz. El hecho de que el Rey Arturo y sus caballeros se reunieran en torno a una mesa redonda, parece indicar que Arturo era, de acuerdo a la expresión latina, un “primus inter pares”, que viene a traducirse como “el Primero entre iguales”. El santo Grial bien podría ser el porqué de las cosas, el origen y el fin.


Así y por este orden me vienen a la mente, como si estuviese bajo la fresca violencia de los chorros de una catarata, algunos conceptos que quiero compartir:


Con base en el Rey Arturo:


1- La autoridad del líder o del mando como sinónimo de aptitud, profundo conocimiento del puesto, formación, trayectoria histórica y/o académica y experiencia, así como la consiguiente admiración y consideración por él, desde la organización y el equipo más próximo.


2- Fidelidad y lealtad a los referentes institucionales, empresariales y a las personas, predicando con claridad con su ejemplo y fomentando el sentimiento de orgullo de pertenencia e identificación con los valores y fines de la organización.


3- La asertividad y la empatía, tan necesarias para ser reconocidos sus irrenunciables valores humanos, cohesionando con ello al grupo de referencia defendiendo su unidad y respetando y optimizando sus diferencias.


4- La enérgica autoridad produciendo respeto pero nunca miedo. Contagiando pero nunca imponiendo. La pasión en los principios y el discurso y la capacidad de decisión, con espacios previos para el estudio, sin que ello contribuya a demorar la resolución valiente de los problemas o conflictos desechando la temible parálisis por análisis.


Con base en Excalibur:


5- La pureza de su credibilidad, justicia y la legitimidad en su origen y evolución imprescindible para adquirir merecido reconocimiento y respeto.


6- La fortaleza y la conveniente sensibilidad. La necesaria honestidad en la acción profesional y el reconocimiento por su entorno, acompañada por la siempre aconsejable sencillez y humildad, también traducida en capacidad de escucha activa y aceptación de la crítica como indiscutible virtud de aprendizaje permanente. La sincera aceptación del error propio y su instrumentalización como oportunidad de mejora y crecimiento.


7- El eficaz uso de la estrategia de comunicación desde el puesto de dirección, con método, estructura contrastada y con permanente oportunidad de retroalimentación. Ofreciendo instrucciones y órdenes precisas orientadas siempre en la dirección correcta. Priorizando a la elocuencia y oratoria innecesaria, la emisión de un mensaje nítido y acreditando su recepción y entendimiento.


8- La capacidad de respetar y siempre ser respetado. La fuerza de defender y también siempre ser defendido.


Con base en Camelot:


9- La creación de un espacio socialmente confortable para el individuo y el grupo, con identidad corporativa y con respeto a la personalidad de sus miembros.


10- La creación de un medio social de cohesión, respeto, agradecimiento y reconocimiento. Dominando el espacio y conociendo a las personas que lo ocupan con objeto de lograr su mayor eficiencia en su puesto.


Con base en la mesa redonda:


11- Con un espacio circular en el que no se marcan diferencias, como el mejor entorno para poner las bases de la inteligencia colectiva. Para de igual a igual transmitir sincera comunicación y realizar activa escucha. Expresando proximidad a un centro geográfico equidistante que simboliza el objetivo común.


12- Para ejercer horizontalmente el liderazgo desde el reconocimiento y la admiración.


13- Proporcionando un espacio adecuado para fomentar la actitud participativa, el apoyo mutuo, la confianza recíproca y la lealtad al proyecto.


14- Para simbolizar el orden y la cohesión, el compromiso y la determinación., la lealtad a la palabra dada y la unidad del equipo.


Con base en el Santo Grial:


15- Desde un punto de vista colectivo y social podría significar metas y fines de la organización, el respeto a su trayectoria y origen y la defensa de sus principios y valores éticos.


16- En una esfera personal del individuo, el deber vital de respeto y compromiso con antecesores, obligación social e individual coadyuvando generosamente a crear un mundo mejor, con los seres queridos y la noble acción de legar un futuro superior para los descendientes.




domingo, 14 de diciembre de 2014

Cierra "La Tienda de Clara Art-Grill" en Pontevedra.

Hace década y media en Pontevedra nació una idea empresarial con duende,”La Tienda de Clara” que mi amigo y compañero Rafael Pereira Currás junto a su mujer Beatriz Lage hicieron cristalizar en la hermosa Praza do Teucro.

Tras ella vinieron nuevos negocios bajo este nombre. Siempre con innovadoras y creativas ideas que complementariamente fueron punta de lanza, contribuyendo a refrescar el aletargamiento de muchos bares de la ciudad huérfanos de creatividad y que como tapa no sabían servir nada más allá de unas aceitunas o unas tristes patatas fritas.

Sin duda el local más emblemático de esta firma fue “La Tienda de Clara Art-Grill” de la Calle Augusto García Sánchez, en donde se ofrecían, en un establecimiento con cuatro imaginativas y cuidadas atmósferas, diversos servicios de restauración de notable calidad, allí encontramos una de las terrazas más agradables de la ciudad, que favoreció la afluencia de gente a una zona que tristemente estaba destinada al paso hacia las calles más céntricas.

Hace unas semanas en nuestro diario digital Pontevedra Viva leía que “La Tienda de Clara Art-Grill” era precintada a causa de una denuncia vecinal por exceso de ruido. Lamento mucho que ello se haya producido y seguro, mi pesar es compartido por miles de pontevedreses que gustaban de recibir servicios de restauración en este establecimiento, todo ello sin ser conscientes ni testigos de ser causa de un fatídico exceso de molestias acústicas a terceros.

Quiero suponer que se trata de una situación tristemente aislada que en esta ocasión perjudica y mucho a un empresario innovador, creativo y valiente, y a un grupo de empleados de notable profesionalidad que pierden su puesto de trabajo, dado que con la causa utilizada para la denuncia, probablemente serían gran parte de los establecimientos de esta índole clausurados si se generalizaran comportamientos de intransigencia desmedida por parte de los vecinos más próximos.

Finalizo deseando a los propietarios de “La Tienda de Clara” que hallen una suerte difícil de encontrar en los tiempos que vivimos, que sigan siendo ejemplo de iniciativas para hacer de esta ciudad una urbe más humana y moderna, manifestando mi propósito de acentuar mi fidelidad como su cliente en el resto de sus establecimientos.

jueves, 2 de octubre de 2014

Recuerdos inolvidables de Armando Fernández Carracelas.

Recuerdos inolvidables de Armando Fernández Carracelas.

02/12/1970 – 10/10/1989.


¡Hace más de 38 años y lo recuerdo como si fuera ayer!


Era un día soleado y entre los columpios del parque del Colegio SANTIAGO Apóstol de la ONCE en Pontevedra, algunos niños vestidos con el mandilón de rigor propio al internado en el que residíamos, estábamos merendando y tratando de jugar en los columpios con la importante dificultad de no disponer de la mano ocupada con nuestro bocadillo, cuando un nuevo compañero, con unas gafas negras y opacas que, con elevada frecuencia salían despedidas de su cara como consecuencia de su gran inquietud y, con una edad algo inferior que los presentes, pues rondábamos ya los 7 años, irrumpía con notable celeridad en nuestro corro infantil con una actividad verdaderamente inusitada.


Gracias a la conservación de algunos recuerdos, apostaría a que este día fue el 03/03/1976, cuando con 5 años Armando, vecino de Marín y ciego total desde su nacimiento, se incorporaba en régimen mediopensionista como un alumno más al popularmente conocido como colegio de ciegos de Pontevedra.


En la imagen Armando aparece riéndose con Francisco Pérez Maneiro y con José Vicente González del Rincón.


Fueron muchos los años que compartimos con Armando, a quien nos dirigíamos por su nombre de guerra, su segundo apellido (Carracelas) también seudónimo que se llegó a identificar en el colegio como sinónimo de inquietud e intensa actividad.


Desde pequeño y junto a su lógica e irresistible necesidad de explorar con sus manos todo lo que lo rodeaba, con el ánimo irrefrenable de saber y conocer, manifestó principalmente dos extraordinarias virtudes por las que, sin duda alguna, permanece en un espacio privilegiado de la memoria de quienes tuvimos la oportunidad de convivir con él.


De una parte y a pesar de ser ciego de nacimiento, Carracelas tenía una capacidad de orientación sobrehumana, sin duda la mejor que he conocido. En este punto eran dignas de admiración sus estrategias de movilidad y control espacial con un tacto corporal y especialmente facial prodigioso, con la que detectaba las Corrientes de aire, así como su frecuente táctica de caminar con llaves o cascabeles colgados, lo que le proporcionaba una asombrosa destreza en su orientación acústico-espacial. Como consecuencia de ello y sin haber sido demasiado aficionado al deporte, poseía unas excepcionales facultades psicomotrices también para esta disciplina.


En la imagen Armando realizando una prueba deportiva en el Estadio de la Juventud en Pontevedra.


Ante sus vertiginosos desplazamientos, ¡cruzarlo en un pasillo o en una escalera del colegio constituía para cualquier escolar un momento de riesgo!


Lo recuerdo en su adolescencia y juventud, sin ser ajeno a la temeridad, caminando sólo, con esbelta elegancia por Marín y Pontevedra, despreciando el auxilio de un bastón blanco. Este hecho admirable, se empequeñecía cuando andaba en bicicleta con soltura en las instalaciones de nuestro colegio. Nunca pude entender cómo tras una recta de unos 100 metros sobre dos ruedas giraba a la derecha junto a una red metálica que no podría nunca mitigarle la corriente de aire y con ello proporcionarle información de tacto corporal.







 Fotografía del Grupo Saturno en 1987.
En la imagen de izquierda a derecha:
Francisco Pérez Maneiro sosteniendo las baquetas de la batería, Armando Fernández carracelas con el bajo, Javier Torres Rodríguez con la guitarra agachado y José Angel Abraldes Rodeyro delante del piano.


Tampoco olvidaré teniendo ya Armando 18 años, en julio de 1988 con ocasión de una actuación del grupo Saturno en la parroquia de Queiruga en Porto do Son (A Coruña) y ante la necesidad de mover un par de metros el gran furgón que nos trasladaba junto al equipo de sonido e instrumentos, como, con la cuestionable autorización, admiración  y miedo de quien era nuestro transportista, (también compañero y amigo), se subía decididamente al vehículo para arrancarlo y con precisa maniobra estacionarlo dos metros más adelante tal y como se nos había solicitado. Aquel hecho que a sus compañeros no nos producía ya sorpresa alguna, fue motivo de alucinación de los parroquianos allí presentes que no daban crédito a lo que habían presenciado y no cejaban de pedirnos más información al respecto del acontecimiento y sus antecedentes.



En la imagen de 1984 Armando y Joaquín Solana Azurmendi tocando la Gaita y Francisco Pérez Maneiro el tambor.



Su segunda magnífica virtud fue su talento y aptitud para la música. Cantó desde edad temprana con admirable afinación, así como hizo sonar una amplia variedad de instrumentos musicales que iban desde la gaita gallega, pasando por el laúd, la bandurria, la guitarra, el bajo eléctrico, hasta el acordeón y el piano. Además dominaba con alta capacidad rítmica cualquier instrumento de percusión tocando ya desde muy joven con destreza la batería.


Fue admirado por su gran oído musical, el cual le permitía diseccionar con cirujana precisión la armonía y participación de los distintos instrumentos en las composiciones musicales para posteriormente reproducirlas e interpretarlas.


En los primeros años de nuestra adolescencia junto a compañeros como el pamplonica Joaquín Solana Azurmendi, el Salmantino Cándido Rufete Galván, la Gijonesa Mónica Narciandi Junco y los gallegos Javier torres Rodríguez, Francisco Pérez Maneiro, Rosa Gayoso Vázquez y Sabela Fandiño Magdaleno, coincidimos durante 6 imperecederos años de nuestra vida compartiendo dos proyectos bajo los nombres de Grupo Bodyband (1983 a 1985) y Grupo Saturno (1986 a 1988). Este período nos provocaría importantes lazos de amistad e identificación con afición y discapacidad, así como  sentimientos y vivencias imborrables.




En la imagen el Grupo Bodyband en 1984 encontrándose de izquierda a derecha: Joaquín Solana Azurmendi (Bajo), Cándido Rufete Galbán (vocalista), Javier Torres Rodríguez (guitarra), Armando Fernández Carracelas (guitarra), Francisco Pérez Maneiro (batería), José Angel Abraldes Rodeyro (teclados).



En la imagen el Grupo Bodyband en 1985 encontrándose de izquierda a derecha: Armando Fernández Carracelas (bajo), Francisco Pérez Maneiro (batería), Sabela Fandiño Magdaleno (vocalista), Javier Torres Rodríguez (guitarra), José Angel Abraldes Rodeyro (teclados).


En junio de 1988 Armando finalizó sus estudios de E.G.B. en el Colegio Santiago Apóstol de la ONCE de Pontevedra, pasando a realizar 1º de B.U.P. en régimen de integración en el Instituto Valle Inclán de la misma ciudad.


1989 fue el último año de su corta vida, ya que en este tiempo nuevamente despertó el monstruo que le había privado de sus ojos tras su nacimiento y, con tan solo 18 años, de modo implacable, el día 10 de octubre le arrancó el derecho de vivir.




En la imagen Armando realizando una lectura en la capilla del Colegio.


Sus amigos teníamos aproximadamente su edad, y su muerte quizá era la primera tragedia que experimentábamos en la vida. No obstante la valentía y capacidad demostrada de no cesar en su eterna alegría durante sus últimas semanas, fue para todos nosotros una lección magistral en la universidad de la vida.


Junto a mi compañero y amigo Francisco Pérez Maneiro (Paquiño) unas semanas después del fallecimiento de Armando, comencé la composición de una canción en su homenaje, proyecto que la distancia y quizá también la desazón dejó aparcado en la memoria, pero el “permanente eco de la música” y el cariño vivo, nos ha ayudado a un puñado de antiguos compañeros a renacerlo y finalizarlo, cierto que todos ellos ya con caminos lejanos, pero con el nexo de la amistad y el vigente recuerdo del amigo perdido.


El día 10 de octubre de 2014 se cumplen 25 años de su fallecimiento y, pretendemos que este emotivo recuerdo pueda contribuir a que, tal y como se quiere transmitir en la canción “Amigo dame fuerza al caminar”, tras el tiempo y la distancia podamos sentir que el permanece aún aquí, expresándonos su añoranza de vivir.


Fdo. José Angel Abraldes Rodeyro


El sábado 11 de octubre a las 19:30 h. en el restaurante “La Tienda de Clara Art-Grill” de Pontevedra y en presencia de familia y allegados, se presenta la grabación del tema “Amigo dame fuerza al caminar” compuesta e interpretada en su recuerdo y homenaje.





Letra de la canción:




Dame fuerza al caminar.


Estrofa 1:


Apretando bien los ojos
Pude imaginar,
Como la luna asomaba
En la inmensidad,
Aún siento una llama
Algunas más al rededor,
Todo ello me transmite una canción.


Estrofa 2:


Mucho tiempo compartimos,
Juntos al cantar,
Un proyecto, nuestra vida
Con felicidad,
Nuestras notas se juntaron,
Y la música sonó,
Aún ahora la imagino con tu voz.


Estribillo:


Y ahora todos tus amigos,
Recordándote están,
Con tu arrojo, tu alegría,
Y tu forma de cantar,
Misterio en ese cielo,
Que vigila sin cesar,
Amigo, dame fuerza al caminar.


Estrofa 3:


Una tarde de otoño,
Tu voz se apagó,
Demostraste valentía,
Al decir adiós,
Tras el tiempo y la distancia,
Permaneces aún aquí,
Añoranza de un futuro sin vivir.


Estribillo:


Y ahora todos tus amigos,
Recordándote están,
Con tu arrojo, tu alegría,
Y tu forma de cantar,
Misterio en ese cielo,
Que vigila sin cesar,
Amigo, dame fuerza al caminar.


Tal y como indicaba más arriba en la parte principal de este documento, la canción “Amigo dame fuerza al caminar” fue compuesta por Paco y por mí pocas semanas después del fallecimiento de Armando. Recuerdo las ideas que se sucedían enlazando los primeros acordes que dieron lugar a la canción, tocando él la guitarra y yo el piano en la casa de mis padres en Pontevedra.


Un año después aquella música que sorprendentemente no olvidé, la finalicé en un secuenciador montando pista de batería, bajo, piano, así como diferentes timbres melódicos que abrigaban lo que sería su melodía principal que no se llegó a digitalizar, quedando esta pista en mi memoria con la letra incompleta.


Unos meses después de venir a Pontevedra a trabajar en el CRE, allá por 2001, Serafín Fernández, padre de Armando, a quien no veía desde muchos años atrás, me llamó y me pidió que fuese a su casa en Marín a verlo y a tocar el piano de su hijo. Emocionado acudí una tarde a su llamada y más emocionado aún, disfrutamos juntos al tocar algunas canciones que sabía que eran frecuentemente interpretadas por Armando.


Reconozco la mucha ilusión que tenía en que Serafín Fernández nos acompañara al presentar el audiovisual el día 11 de octubre de 2014 en recuerdo de su hijo Armando. Desgraciadamente no fue posible este hecho, dado que Don Serafín falleció dos meses antes en la residencia de mayores en la que estaba siendo cuidado.


¡Seguro está junto a él, acompañándolo y  guiándolo con el mismo cariño, atención y también paciencia, tal y como hacía antaño, al tiempo que escuchando a su querido hijo tocar aquel piano que tanto deseaba sentir!


Hace algunos años  tuve la motivante idea de renacer el proyecto de dedicar una canción a Armando y pensé que lo mejor sería hacerlo en un momento especial como el XXV aniversario de su fallecimiento, por lo que me planteé una paciente espera hasta que llegara el tiempo elegido.


En abril de este año compartí la iniciativa con las personas que habíamos coincidido en Bodyband y en Saturno con él. Estas habían sido: Joaquín Solana, pamplonica afincado en Madrid, Cándido Rufete, residente en Salamanca, nuestra amiga Sabela Fandiño y especialmente con quienes fuimos componentes del último proyecto musical en Saturno: la Pontevedresa Rosa Gayoso, Paco Maneiro quien sigue viviendo en su preciosa localidad del porto do Son y con Javi Torres residente en Madrid. Precisamente fue este último quien nos dio algunas de las ideas que acompañan el hilo conductor de la letra de la canción “Amigo dame fuerza al caminar”.


Para este proyecto también acudí a mis amigos Manuel Martínez Pan y Antonio Villanueva. Con este último no llegamos a tocar con Saturno, seguro que por no habernos conocido unos meses antes. Antonio compartió con Paco y conmigo un breve proyecto musical en 1989 coincidiendo justo su finalización con los últimos meses de vida de Armando. Seguro si nuestro compañero hubiera contado con salud en aquellos días hubiera enriquecido y completado el resultado de aquella aventura musical que bautizamos como 11/5.


Tanto Antonio Villanueva como su mujer María José Rodríguez (Fini), han sido en esta canción componentes esenciales ayudándonos con su dilatada experiencia musical como con su conocimiento y destreza en la técnica del proceso de grabación, mezcla  y producción.


La primera prueba de esta pericia la pude amirar cuando lograron mediante una comunicación midi descargar desde mi viejo secuenciador Roland MV30 de 1989 la canción a un ordenador con un programa de edición musical, distribuyendo e independizando las 8 pistas originales y cuadrando su temporizador digital.


Tras este proceso y ante la dificultad de grabar la batería con Paco por motivos logísticos y de distancia, solicitamos ayuda a Miguel González, batería del grupo Folc Avelaíña liderado por Antonio, que reprodujera la original percusión sintética, proceso que guiado por metrónomo y con unos cascos en los que escuchaba la versión original, realizó con elegancia, extraordinaria maestría y cronométrica precisión, poniendo unos cimientos esenciales para la intervención del resto de instrumentos integrantes, los cuales se fueron montando sucesivamente, a excepción del piano y de las distintas pistas de teclados que fueron conservadas de la base digital original.


Dado que no era posible imaginar ensayo alguno para la canción entre las personas que intervendrían en la grabación final, distribuimos una sencilla maqueta para que pudieran conocerla y practicarla cada uno individualmente.


El primer instrumento en introducirse tras la base rítmica, fue el Saxofón que en la tarde del domingo 3 de agosto grabó nuestro amigo Manolo Martínez Pan. Este tiene cuatro diferentes participaciones en el tema. Así octavado introduce cada una de las tres estrofas de la canción, durante ellas efectúa ecos de la melodía cantada, realiza un sólo entre estribillos con calidez y finalmente con estilo jazzístico dibuja improvisadas frases en la progresiva fuerza que adquiere el tema en sus últimos estribillos, en lo que se pretende pudiera asemejarse a un formato góspel.


Tras ello Antonio, con distintas técnicas introdujo diversas pistas con guitarras, envolviendo e enriqueciendo los tiempos más suaves de la canción, creando una atractiva atmósfera apreciable en los dos canales del sonido exterio. También grabó el bajo reemplazando la pista digital anterior y proporcionando una gran profundidad en su armonía.


El jueves 7 de agosto fue una fecha muy especial para el proyecto y los sentimientos de los implicados dado que compartimos el día con Rosa Gayoso y con Paco. Ellos no se veían desde hace más de 20 años y el reencuentro para todos nosotros vino a ser algo realmente especial. En este día y asistidos por la magia descrita, Rosa grabó la melodía paralela que acompaña los estribillos octavando en dos pistas un precioso violín con un resultado aterciopelado para acompañar con suavidad esta parte de la canción. Posteriormente Paco nuevamente desplegó todo su talento cantando con excelencia una canción cuya tesitura casi alcanza dos octavas. Defendió la estrofa de mayor gravedad en el timbre con una voz profunda y quebrada en algún pasaje, para fortalecer el estribillo con fuerza y dinamismo. Además haciendo gala de su espontaneidad, añadió algunas pistas con preciosa armonía marca de la casa. Siempre lo consideré un músico genial,de anárquica precisión que en un flas improvisa lo que los demás no somos capaces de construir con método y constante esfuerzo.


El último ingrediente lo sumó Fini en el estribillo, añadiendo su voz a la de Paco, aportando calidez, fuerza y la pluralidad que se pretende transmitir con la propia letra de la canción, in crecendo en las últimas vueltas del estribillo hasta llegar al giro final que posibilita disfrutar la consistencia de las voces a capella.


Fue además la propia Fini quien sugirió la introducción de la voz de Armando en el tema, para lo cual, después de oir con atención todas las grabaciones que teníamos de aquella época, elegimos para introducir como remate de la canción, la despedida del Grupo Saturno en su última actuación en el Colegio de la ONCE en Pontevedra en mayo de 1988. En este corte se puede escuchar con nitidez a Armando decir: “chao, hasta siempre”.


Luego vinieron algunas semanas en las que Antonio compartió con nosotros diversas mezclas en las que se fueron probando distintas ecualizaciones y arreglos hasta finalizar con la creación definitiva.


A continuación mi amigo Roberto Baquero nos ayudó a realizar una presentación de imágenes a sumar a la canción, resultando un montaje audiovisual en el que se mezclan fotos actuales de los participantes en el proyecto con las instantáneas que conservamos de Armando, en las que lo podemos ver en los Grupos Bodyband y Saturno, así como tocando distintos instrumentos en festivales del Colegio de la ONCE en Pontevedra, haciendo deporte, recogiendo una medalla tras una competición, realizando una lectura en la capilla y compartiendo un momento de risa con compañeros del centro escolar.


El audiovisual finaliza con los créditos y el recuerdo a Armando que a continuación se inserta:

Video

AMIGO DAME FUERZA AL CAMINAR

Creación de letra y música de Francisco Pérez Maneiro y José Angel Abraldes Rodeyro en noviembre de 1989.

Batería: Miguel González

Guitarras y bajo: Antonio Villanueva Aréa

Saxofón: Manuel Martínez Pan

Piano y teclados: José Angel Abraldes Rodeyro

Violín: Rosa Gayoso Vázquez

Coros: María José Rodríguez Rosales

Voz: Francisco Pérez Maneiro

Grabación, mezcla y producción: Antonio Villanueva Aréa

Montaje audiovisual: Roberto Baquero Pérez






En recuerdo de nuestro amigo Armando Fernández Carracelas en el XXV aniversario de su fallecimiento el día 10 de octubre de 1989 cuando tenía 18 años.






¡Estás con nosotros!

¡Nunca te olvidaremos!





Mis sentimientos::


Siempre he considerado que los años en los que tuve la ocasión de compartir los proyectos musicales de Bodyband y muy especialmente de Saturno han sido especiales e inolvidables, como también lo son las personas que en ellos participaron. Indudablemente la muerte de Armando vino a romper definitivamente todo propósito o tentación de retomar este tiempo.


En estas semanas y junto a los compañeros que participaron en el proyecto, como también con los que se vieron imposibilitados por razón de distancia y prioritariamente con mi cariño y constante recuerdo de Javi Torres, quien no pudo ayudarnos en la grabación tal como todos hubiéramos querido, he tenido la sensación de revivir la magia de aquellos preciosos momentos de la adolescencia y juventud.


Quiero agradecer especialmente la colaboración a Miguel por su excelente grabación de la batería, a Manolo por enriquecer la canción con su imaginativo saxo, a Rosa por su apoyo y constante cariño hacia el proyecto y lo que representaba, a Paco por su excepcional participación y amistad, a Roberto por su paciencia conmigo prestándome sus ojos allá donde no llegan las síntesis de voz y construir con su pericia informática el audiovisual y a Fini y Antonio, quienes se identificaron con el proyecto desde el primer día y con generoso trabajo, conocimiento  e ilusión fueron piezas esenciales para hacerlo posible.


Finalmente expresar también gratitud a mi familia por perdonarme el haberle robado el tiempo que habría sido de ellos durante los últimos meses y que dediqué a contribuir a hacer posible este proyecto y a soñar durante su proceso y con su resultado.

martes, 12 de agosto de 2014

Enrique Rodeyro Moñino.


ENRIQUE RODEYRO MOÑINO (1888-1958)



No conocí a mi abuelo materno quien falleció 10 años antes de mi nacimiento, y que seguro habría sido una persona que me habría transmitido muchas experiencias vitales al haber heredado su misma discapacidad visual basada en la retinosis pigmentaria con la que convivimos muchos de los varones de mi familia.

Hace unos años pude localizar en la página Web de la ONCE la impresionante obra en 6 tomos de Jesús Montoro Martínez, a quien mi abuela había entregado toda la documentación que conservaba de su cónyuge, ya que Jesús Montoro había contactado con ella para pedírsela al encontrarse preparando un extraordinario proyecto con el fin de difundir la magnífica aportación a la historia por parte de los ciegos, así como muchas de sus vivencias. La documentación prestada desgraciadamente nunca fue recuperada y sólo permanece extractada con algunas imprecisiones en las páginas de su magnífica obra “Los Ciegos en la Historia”.

Este hallazgo en los últimos días de 2011 me posibilitó poder adquirir y regalar en el día de reyes del año 2012 el tomo IV de la obra “Los Ciegos en la Historia” a mi tía Dolores, quien ilusionada lo recibió justamente 2 meses antes de su fallecimiento el 7 de marzo de ese mismo año. A pesar de haberla buscado durante muchos años, nunca pude encontrar la transcripción manual al braille realizada por mi abuelo de la obra “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”,, posiblemente alguien algún día pretérito la consideró un trasto no siendo consciente de su valor histórico y del tiempo invertido en ella. ¡Hoy seguro tendría sitio en algún museo!

Enrique Rodeyro Moñino nació en A Coruña el día 30 de septiembre de 1888, siendo sus padres Enrique Rodeyro Mañac y María Cristina Moñino González. Cuando tenía ocho años y su retinosis pigmentaria comenzó a comprometer seriamente su ya baja visión, comenzó su escolaridad en su ciudad natal, asistiendo a la escuela de ciegos que regentaba don Luciano Caño, docente que le despertó gran afición al estudio, dando Enrique muestras de poseer una inteligencia despejada. Al fallecer su padre en 1899, su familia se traslada a Santiago de Compostela para que en 1902, Enrique ingresara, como alumno externo, en el Colegio Regional de Sordomudos y de Ciegos, donde fue un buen escolar en todos los aspectos, aprovechando el tiempo y aprendiendo cuanto allí se enseñaba de cultura general, trabajos manuales, solfeo, piano y violín, evidenciando poseer un gran talento y un consolidado sentido de la responsabilidad. Por estas razones, el entonces  director del centro, don José Cruz Letamendi, lo propuso como profesor
ayudante del colegio con carácter gratuito.


El Colegio Regional de Sordomudos y de Ciegos de Santiago de Compostela, había sido fundado el 1 de julio de 1864 bajo el patrocinio de la Universidad de esta ciudad, con el fin de formar a dichos discapacitados sensoriales gallegos con edades comprendidas entre los 8 y los 16 años. Se creó para dar cumplimiento a lo dispuesto por la Ley del Excmo. Sr. Claudio Moyano y Samaniego, promulgada el 9 de septiembre de 1857, que en su artículo 108 ordenaba fundar un colegio de ciegos y sordomudos en cada distrito universitario, siendo el magnífico rector de la Universidad de Santiago de Compostela, Santiago J. Viñas, quien tuvo la feliz idea de dar el primer impulso para la creación de esta institución y su primer director, el ejemplar pedagogo Manuel López Avalón. El centro académico nunca tuvo subvención alguna del Estado, financiando su presupuesto anual las cuatro diputaciones provinciales de Galicia, que aportaban una misma cantidad, corriendo por cuenta de estos fondos la manutención del alumnado, el material de enseñanza, el servicio de ropería y los salarios del personal docente y de intendencia del colegio.

Tras finalizar su formación preuniversitaria, Enrique Rodeyro cursó los estudios de Magisterio en la Escuela de Maestros de Santiago de Compostela y en los tres años de carrera no tuvo suspenso alguno, consiguiendo 8 sobresalientes, 19 notables y 8 aprobados; examinándose de la Reválida en 1910, prueba en la que obtuvo la calificación definitiva de sobresaliente.

En el otoño de 1910 ya con 23 años, se desplazó a Madrid y cursó en el Colegio Nacional de Sordomudos y de Ciegos de la capital de España, la asignatura de «Métodos y procedimientos especiales en la enseñanza de ciegos», en la que obtuvo el 25 de septiembre de 1911 la calificación de sobresaliente. Esta asignatura capacitaba entonces para poder ejercer la enseñanza especial de personas ciegas. Profesionalmente a partir de 1914 compatibilizó sus funciones como profesor de enseñanzas literarias y copista de libros al código de lecto-escritura braille, con el ejercicio de la profesión de agente comercial, consiguiendo numerosas y buenas
representaciones, porque poseía don de gentes y era hábil negociador, contando con muy buena orientación y capacidad de desplazamiento autónomo por toda la ciudad de Santiago de Compostela. Su despacho profesional lo instaló en su residencia en la Rúa del Villar y en las tareas administrativas colaborarían sus hijos según alcanzaran edad y formación suficiente.



El 3 de enero de 1920 Enrique Rodeyro se casó con María Dolores Pimentel Muiños, con la que tuvo 7 hijos: Enrique, Cristina, Ramón (quien falleció muy pequeño)), José Ramón, Dolores, mi madre María Luisa y Paz.


El Colegio Regional de Sordomudos y de Ciegos de Santiago de Compostela, desde su apertura se ubicó en una muy humilde sede en el hospicio municipal, en un edificio anejo del convento de San Domingos de Bonaval, estando funcionando sin interrupción en este destino con enseñanzas para ambas clases de discapacitados sensoriales hasta que la Organización Nacional de Ciegos inauguró en 1943 en Pontevedra su colegio masculino número 2, con posterioridad denominado Santiago Apóstol. Las niñas ciegas en Galicia desgraciadamente quedarían desde 1946 (tres años después del traslado del alumnado masculino), sin oferta educativa específica, debiendo desplazarse a los colegios de la ONCE en Madrid o Sevilla hasta 1977, año en el que se convierte el centro pontevedrés en mixto. Por el contrario la sección de formación de sordos perdurará hasta la actualidad dependiente de distintas administraciones.

Enrique transcribió al Braille, sin contar con medios mecánicos, cuantas obras literarias y musicales le fueron solicitadas por la entidad tiflológica. Incluso copió para el colegio manualmente con su pauta y su punzón, la obra “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”, auxiliado por sus hijos mayores, quienes se encargaban de dictarle.



Trabajó infatigablemente como representante comercial, siendo uno de los fundadores del «Colegio de Agentes Mercantiles de Santiago de Compostela». Antonio Lasheras Hervás, fundador y director de la revista “En Braille y en negro Los Ciegos”, le nombró corresponsal de la misma en Santiago de Compostela en el año 1938.

En el otoño de 1939 obtuvo el carnet de agente de Comercio Colegiado y, por consiguiente, la autorización para ejercer como representante de determinados artículos y varias firmas comerciales en toda Galicia.

En el curso escolar 1942/1943, Enrique Rodeyro cesó en su trabajo de maestro de niños y jóvenes ciegos, ya que los estudiantes ciegos del Colegio Regional compostelano y cuantos escolares no videntes gallegos y de otras regiones españolas lo solicitaron, se matricularon en el nuevo centro de la ONCE de Pontevedra, reservándose el edificio compostelano de San Domingos para formar  únicamente, a sordomudos gallegos con edades comprendidas entre los 6 y los 20 años.


Enrique se centró entonces en su actividad comercial en la ciudad compostelana y completó más de 30 años con la Compañía General de Seguros Hispania, la cual le rindió un cariñoso homenaje, regalándole una placa, en la que estaban grabadas, siguiendo el modelo de las pólizas de la entidad, estas palabras:

«Hispania, Compañía de Seguros.
A nuestro estimado agente don Enrique Rodeyro Moñino como 
testimonio de afecto al cumplirse los 25 años de su grata colaboración con esta
compañía.
Madrid, 1 de abril de 1948.»

Durante su vida se esforzó mucho por mejorar la situación económica y social del Colegio Regional de Sordomudos y de Ciegos de Santiago de Compostela en favor de sus alumnos, ganándose la voluntad de gran número de personas, y consiguiendo de ellas donativos y legados a fin de dotarlo con mobiliario y material moderno, No cejando de realizar labores caritativas hasta su fallecimiento el 17 de junio de 1958.

Mi madre aún recuerda como mediante pequeñas aportaciones de conocidos de Santiago de Compostela pudo lograr la adquisición para los niños ciegos de una radio.



Su hija Dolores Rodeyro, quien heredó vocación docente de su progenitor, siendo maestra de estudiantes sordos en el centro sucesor al de su padre, en un texto manuscrito lo describió así:

Todo un caballero, fervoroso cristiano, adornado de excelentes virtudes, que practicaba la caridad con discreción y secretamente, ayudando a cuantos acudían a él en demanda de consejo, limosna, empleo o protección. Le agradaba mucho que le leyeran las Sagradas Escrituras, el Código Civil, el periódico y cuántos libros científicos le proporcionaban; logrando poseer una vasta cultura, que causaba admiración a cuantos le trataban. Además, se interesaba en gran manera por la educación e instrucción de su numerosa prole. Escribía perfectamente y con gran velocidad a máquina y era él quien mecanografiaba y contestaba toda la correspondencia que comportaban sus representaciones comerciales y sus relaciones familiares o amistosas. Era muy mañoso, haciendo múltiples e ingeniosos juguetes para sus hijos. El reparaba personalmente, todas las averías de su hogar y hacía algunos de sus muebles; llamando con su habilidad y
buen gusto la atención de sus vecinos.

Debo concluir este post expresando sin ambages mi admiración por la figura de mi abuelo, quien en sus 69 años de vida, en tiempos muy difíciles de la historia de España, superó su ceguera, constituyó junto a su esposa, mi abuela Dolores una familia de 6 hijos, gracias a su talento pudo ganarse meritoriamente la vida en lo que hoy denominaríamos régimen de integración laboral como trabajador autónomo, representando con satisfactorios resultados empresariales a distintas firmas de diversa naturaleza y complementando sus ingresos con las transcripciones y clases de braille en un centro escolar con evidente aroma a beneficencia. Así todo fue quien de ganarse admiración por su generosidad y su evidente austeridad y adecuada gestión personal y familiar.

¡Si no fuese así, no casarían las cuentas!

Quiero agradecer a Dña. Fina Quintela Méndez por compartir conmigo sus recuerdos como alumna durante los últimos años de la historia del Colegio Regional de Ciegos y Sordomudos de Santiago de Compostela, y en particular rendir su homenaje a quien fue su último Director, D. Julio Mirelis, de quien recuerda los bocadillos que le llevaba para la merienda y que complementaban la muy mejorable alimentación que recibían en el colegio.

También un muy especial agradecimiento a D. José López Fernández, brillante alumno del Centro específico compostelano e inolvidable pupilo para mi abuelo materno, quien recuerda y me confirma algunas de las remembranzas de Enrique Rodeyro, incluso el haber mantenido conversaciones con sus hijos Cristina (con quien charlaba cuando ésta iba a recoger a su padre al centro docente) y José Ramón, el cual también se acercaba a su edad. Me comenta José López, que en alguna ocasión visitó a Enrique en su residencia de la Rúa del Billar y cómo, mi abuelo con orgullo  hacia su ex alumno, lo felicitaba por su distinción y elegancia. Curiosamente en aquellos dificilísimos años en Compostela conviviendo con la contienda civil y su inmediata finalización, José López fue paciente de mi otro Abuelo Maximino Abraldes Torquemada, quien ejerció durante toda su vida profesional como oftalmólogo en la ciudad.

Fdo. José Angel Abraldes Rodeyro